Mi vida sin mi perro Bruno

Mi vida sin mi perro Bruno

Mi nombre es María, escribo la historia de mi perro Bruno porque jamás penséque un animal podría llegar a ser tan importante e imprescindible en la vida de una persona, en un primer momento pensé que seria irremplazable …

Nací en Lisboa en 1943 y me crié en una familia de 9 hermanos, que aunque diariamente pedíamos una mascota, la respuesta siempre era negativa, “sois muchos para también tener a un perro” decía mi madre.

Los años pasaron sin darnos cuenta y cuando llegué a los 18 años conocí a Paulo, era un chico divertido, trabajador, inteligente y le encantaba los perros, un par de años después, en 1965, nos casamos, y mi vida fue envidiada por muchas personas pues estuvimos muy enamordos hasta el úlitmo día que estuvimos juntos.

Fueron muchos los perros que pasaron por nuestra vida en pareja, muy mimados sobretodo por Paulo y por los niños; tuvimos 3 hijos, 2 niños y 1 niña que, al igual que el pasaban el dia paseando y jugando con los perros en sus ratos libres.

Sin embargo, aunque te digan que el tiempo vuela, no te lo crees hasta que ves que tus hijos se casan o se independizan, recién entonces, tomas conciencia de todo lo que has recorrido y te empieza a dar temor de cuanto queda por recorrer y de perder a tus seres queridos.

De esta manera, empezaron a irse nuestros padres, e incluso algunos primos, nuestros perros tenían una buena vida y luego se marchaban para darle paso a otra nueva mascota.

Cuando Paulo llegó a su jubilación adoptamos a un precioso…. , le pusimos Bruno, era un Golden retriever cachorro cuando llegó a casa y estuvimos un mes sin dormir bien por sus llantos nocturnos, era lo más parecido a volver a tener un bebé en casa.

La diferencia con otras mascotas fue que el cansancio nos vencía y empezamos a dejarlo dormir junto a la cama, a los pies, para que dejara de llorar. No solo dormía en la misma habitación que nosotros sino que también hacía su vida dentro de casa, nuestras anteriores mascotas pasaban el tiempo en el jardín.

Siendo todavía un cachorrito, se dormía en nuestro regazo mientras veíamos la tele, Bruno recibía trato de niño en lugar de mascota.

3 años después, Bruno se había convertido en nuestro cuarto hijo, si hubiera podido hablar, no dudo que nos habría corregido muchas cosas, nos acercaba el periódico, las zapatillas de levantar y hacía todas las cosas que podía para demostrarnos un cariño incondicional que jamás pensamos encontrar.

En la navidad de 2003, esperábamos a nuestros hijos para cenar, teníamos 4 nietos pero mis hijos en aquel año vivían en España, los veía poco, más o menos unas 4 veces al año.

Aquella cena de Navidad transcurría con normalidad, hasta que de pronto Paulo empezó a encontrarse mal, tuvimos que llevarlo al hospital y se tuvo que quedar para unas pruebas.

Por desgracia le detectaron un cáncer de páncreas avanzado en estadio 4 y ya no se podía hacer nada, le dieron 2 meses de vida y lo llevamos a casa donde lo trataríamos con medicina paliativa para el dolor.

Desde que volvió del hospital, Bruno parecía entender qué estaba pasando y no se despegaba de Paulo en ningún momento. Conforme pasaban las semanas veía a Bruno más triste como si supiera lo que iba a pasar, dormía muy poco porque Paulo ya pasaba malas noches, hasta que ese triste día llegó.

Yo estaba en casa aquel día en la cocina y de pronto, escuché un llanto desconsolado de Bruno que solo me hacía pensar que Paulo  se podría haber ido, en seguido bajó Bruno y tiró de mi jersey llevándome hacia arriba por si podía hacer algo pero ya no había nada que hacer.

De pronto me ví sin Paulo y Bruno compartía mi tristeza y mis momentos bajos, no se separaba de mi y él era lo único que me quedaba pues mis hijos vivían fuera.

Un par de meses después, Bruno empezó a dejar de comer, estaba demasiado triste y por muchas vitaminas que le quise dar, cada día estaba más débil.

Finalmente el veterinario dijo que le había salido un tumor en la cabeza y que sufría grandes dolores, que lo que recomendaba era sacrificarlo. Fue entonces cuando tuve que decidir quedarme sin Bruno porque no era justo tener su compañía sabiendo el dolor que sufría y el pronóstico tan oscuro que dio el veterinario.

Llamé a uno de mis hijos para que me acompañara al veterinario, porque no tenía corazón para ver como se iba y finalmente llego el momento de la despedida. Él me miró como si supiera lo que le iban a hacer y solo pude besarlo y darle las gracias por haber estado conmigo en momentos tan alegres y luego en momentos tan duros, no habría podido seguir sin sus ánimos.

Tengo que dar las gracias al veterinario, porque además de su comprensión ante mi tristeza de la pérdida de Bruno, me sugirió entrar en www.eternima.com y escoger un colgante para guardar un poco de las cenizas de Bruno, es un bonito recuerdo en homenaje a su lealtad y amistad.

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Hoy hace ya 4 meses que se fue, vivo con uno mis hijos y además de estar rodeada de mis nietos, me han regalado una preciosa perrita a la que hemos puesto Nina es muy traviesa y alegre, físicamente no se parece en nada a Bruno pero llena de risas y juegos la casa. Sin embargo siempre, pase el tiempo que pase, Bruno estará en mi corazón y se que está con Paulo acompañándolo igual que cuando estaban aquí.