¿Ha fallecido un familiar y no sabes qué hacer con sus cenizas? Te damos opciones

El fallecimiento de un familiar es un proceso por el que todos tenemos que pasar en algún momento. El dolor del duelo puede llegar a parecer insoportable, aunque es el momento de tomar decisiones para que el recuerdo de nuestro ser querido se mantenga imborrable en nuestros corazones y, por supuesto en el día a día.

Las fases del duelo

Es importante saber que la tristeza es completamente natural cuando se pierde a un ser amado. En ningún momento hay que negarla ni ponerle barreras. Lo que se ha ido es una pieza importante de nuestra vida, un ser con el que hemos compartido buenos y malos momentos y que, por lo tanto, es como un trozo propio.

El duelo comienza normalmente con una fase de shock en la que nos cuesta asumir que lo que está pasando lo está haciendo realmente. Aquí suelen aparecer la angustia, la tristeza más profunda y el abatimiento.

Con todo, esta fase deja paso rápidamente a la de la aceptación, que no tiene que ser menos intensa que la anterior. Es más, la pena suele ser menos visible, pero más profunda, ya que se ha tomado conciencia de que la vida ha cambiado completamente y que nunca volveremos a ver a nuestro ser querido.

Por último, se llega a la aceptación definitiva, un estado en el que la vida ha vuelto a la normalidad y en el que la ausencia se ha convertido en algo cotidiano. La tristeza sigue existiendo, pero las obligaciones del día a día desplazan su lugar central y su importancia.

No obstante, mucho antes de que llegue este último paso hay que enfrentarse con una compleja decisión. Esta no es otra que la de decidir qué hacer con los restos de nuestro ser querido.

¿Qué opciones existen?

Por encima de cualquier otras, las opciones más comunes para dar un merecido descanso a los restos de una persona fallecida son la cremación y el enterramiento.

La segunda de ellas es la más clásica, aunque también es la que representa más inconvenientes. Para enterrar a un difunto es necesario comprar o alquilar una parcela en el cementerio y hacer un gasto importante en tareas de mantenimiento de la tumba y otros aspectos similares.

Además, la falta de espacio y la contaminación son aspectos que no hay que perder de vista así como así. Por el contrario, cremar a un difunto es ecológicamente sostenible, rápido y mucho más económico que el enterramiento.

Estas ventajas son las que están provocando que cada vez más personas se decidan por esta acción. Incluso en vida, alguien puede tomar la decisión de optar por la cremación ahorrando a sus familiares el tener que decidir cuando él ya no esté.

¿Qué hacer con las cenizas?

También aquí hay dos opciones. En primer lugar, la urna funeraria de toda la vida sigue estando presente, aunque una joya con cenizas se ha abierto paso en los últimos años como un remedio mucho más discreto, cómodo y elegante de recordar a un ser querido.

La joya con cenizas no es más que un pequeño accesorio que contiene las cenizas de nuestros seres queridos. Unos pendientes, un colgante o un charm pueden ser una joya con cenizas dejando un pequeño espacio interior para introducir una parte de los restos de la cremación.

Esto está lleno de ventajas, y es que desde Eternima hemos comprobado que las personas que optan por una joya con cenizas mantienen el recuerdo de sus seres queridos muy presente. Todo, además, de una forma muy discreta, ya que la joya con cenizas es ideal para formar parte de la vestimenta diaria sin llegar a llamar la atención en ningún momento.

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