La tristeza del niño por el duelo

¿Deben acudir los niños a tanatorios y cementerios?

La pérdida de un ser querido, es uno de los eventos que marca mayormente nuestras vidas. Los seres humanos, sin importar nuestra edad o madurez, no estamos emocionalmente preparados para afrontar la pena de la muerte. A pesar que, los adultos hayamos aprendido que la muerte es un proceso natural de la vida y aunque llegamos a aceptar el concepto, no hemos aprendido eficientemente como manejar el duelo tras la pérdida de alguien cercano. 

Estos sentimientos se magnifican aún más, en nuestros pequeños. Muchos niños, no entienden completamente la situación y no pueden, por sí mismos, manejar correctamente sus emociones sin la guía de sus padres o tutores. Nuestro instinto natural, es proteger a nuestros retoños ante cualquier situación que les pueda afectar física o emocionalmente y tendemos a querer alejarlos de cualquier evento que pueda perturbarlos.

En este sentido, surge siempre la duda si es conveniente que nuestros niños se enfrenten a este tipo de situaciones y si deben asistir a las ceremonias funerarias de la visita al tanatorio y al cementerio. Existen muchos factores que afectan la toma de este tipo de decisiones: La edad del niño, grado de madurez, experiencias previas y la comprensión de los conceptos de la muerte, la pérdida y el duelo.

La preparación previa

Debemos tomar un tiempo en la preparación del niño ante la pérdida y despedida física de un ser querido en tanatorios y cementerios. Para hacerlo de la manera más efectiva posible, es conveniente que sigamos los siguientes pasos: 

  • Explicar de  manera sencilla y natural el proceso paso a paso. Así como el propósito de realizar estas ceremonias.
  • Hablarle en un lenguaje llano y adaptado a su edad, que verán y cómo reaccionan los demás asistentes.
  • Debemos exponerles que son momentos muy emotivos y que tiene la total libertad de expresar sus sentimientos del modo que lo desee.
  • El niño debe saber que nunca estará solo y que les resolveremos cualquier duda que tenga en todo momento. 
  • Los niños son curiosos por naturaleza y pueden querer acercarse al féretro o incluso querer tocar, debemos acompañarle y satisfacer su curiosidad. Antes de este momento es conveniente prepararlos a lo que verán y dejar que sean ellos quienes lo decidan. Nunca se les debe obligar a acercarse, ver o tocar. 
  • Algunos niños quieren dejar algún objeto, dibujo o escrito en el féretro, para algunos pequeños, es un modo de despedida y debemos permitir que lo hagan libremente. 
  • Es importante que comprenda que respetamos profundamente su decisión, en caso que decida permanecer lo más alejado posible de la sala funeraria.
  • Debemos ser pacientes ante conductas inusuales como berrinches, hiperactividad, travesuras o incluso, el caso contrario, permanecer extremadamente callado y taciturno.
  • No le obliguemos a ser sociable, en estos momentos el niño no tiene la capacidad de manejar su duelo y además ser simpático con los demás. 
  • En última instancia, pero no menos importante, debemos tener siempre en consideración que este evento tiene una significación mayor en la vida de un pequeño. Es la oportunidad de despedirse y el comienzo de un proceso de restauración por la pérdida de un ser querido.

Posterior a la culminación de los actos funerarios, es sano que tomemos un tiempo en conversar sobre la experiencia con el pequeño. Resolver sus dudas y conocer sus impresiones. Debemos decirles cuán orgullosos estamos de la decisión que ha tomado y de su comportamiento durante los actos. 

Estas pequeñas charlas, nos servirán como base para entender el manejo emocional del niño ante el duelo y ayudarle a superarlo de la manera más saludable posible.